RituaL
Todavía recuerdo bien, el día en que me dijiste: eh tú! quieres abrir la boca para mí? Yo dudoso, como siempre, tenía miedo, asombro, satisfacción. Nunca me habían hecho una proposición tan directa e indecente. Intentando controlar todas las variables y constantes, identificando las incógnitas y los parámetros necesarios, cesé de dudar y decidí entregarme, dije: "Abriré la boca para tí." Mis labios empezaron a despegarse el uno del otro; el techo del cielo de mi boca, mi acolchonada lengua y todos mis dientes. El frenillo de debajo de la lengua, la campanilla, tres o cuatro empastes y mi baba caliente. Todos a tu disposición. Comenzaste el ritual; te remangaste la camisa hasta la altura del codo, quizás un poco más, comprobaste la limpieza de tus manos y mi garganta, no queríamos infecciones, ni aviares, ni porcinas, ni albinas; y te acercaste a mí lentamente. Con una mano controlabas que mi boca estuviera bien abierta, a tu disposición, pusiste tu otra mano sobre mi homb...