Esta mañana me he levantado, acompañado una vez más, de esa criatura que por la noches, cuando duermo, se sienta junto a mi cama y me observa atentamente. Mi cuerpo desnudo y mojado, efecto del calor y el alcohol que calientan desde fuera y desde dentro. Las sábanas pegadas a mi piel, que me envuelven y masturban mi dermis. Lo primero al abrir los ojos: la soledad. Soledad acompañada de sexo autocomplaciente, flores abiertas, y extraños en mi cocina. Recuerdos infames de amor carnal, de regresiones egoistas... hambre. Me dirijo a la cafetería de siempre, intentando forzar la casualidad, politoxicómano de mis propias emociones. El azar apunta a tí cuando recibo una llamada inconexa en tu vida. Puedes volver a herirme, a insultarme. Puedes volver a darme y a quitarme. Puedes quedarte si quieres con los pocos trozos de mi corazón que aùn funcionan, pedazos de carne roja... Puedes hacer lo que quieras conmigo, encierrame en tu alcoba y úsame. Solo te pediré una cosa.... ...